Noche se invierno helada, chuzos de punta desprendían de los humildes tejados de los edificios.
Noche clara, de paz, pero de desesperación y amargura debido a la tristeza que arrastra la atmósfera.
No hacía más que pensar, una de las cosas que suelo efectúar continuamente y una de las cosas que mejor se me dan.
Y comenzar. Comienzas a pensar que debes quedarte con el lado bueno de las cosas, pues de lo contrario solo conseguirás sufrir, pero ahí es cuando comienza la advertencia de todo lo malo, que es inevitable ser recordado.Las cosas en ésta vida son semejantes a una fruta pasada.
Cuando la ves a simple vista, la observas, la miras con descaro pero a la vez con delicadeza, sientes las ganas inmensas de comértela, y en ese momento es cuando la pelas y te das cuenta de todo su interior, de su oscuro interior. De que esa fruta debe ser tirada, que ya llegó al fin de su existencia. Y sientes impotencia, tristeza, pero sabes que no puede ser comida, de lo contrario podrás sufrir un daño innecesario.
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