Volando a ras del cielo

Frío. Mucho frío. Intenso. Invernal. Acentuando gravemente su presencia.
Árboles. Suelos bañados de hojas. Ese aire clásico, helado, que choca con tu cara. Aún la Luna presente, por la temprana hora de la mañana. Barrenderos cumpliendo un día más con su trabajo. Gente, dando un breve paseo a sus perros antes de ir al trabajo...
Al fin llegué, ví lo de siempre, pasillos interminables, de los cuales, unas cuantas entradas llamadas aulas, taquillas coloradas esperando ser abiertas, mareas de gente, de alumnos ocupando un grande espacio. El instituto.
Ese sitio que tanto odiamos. Ese sitio que deprime, que aburre, pero queriendo o no, siendo soportado.
Nada más llegar. Bea. Una chica especial, alocada la mayoría del tiempo, pero a la vez sensata e inteligente, con sus virtudes y sus defectos.Pero al fin y al cabo como todos ¿no?. Se disponía a acercarse,a pesar de la  gran manta de gente que se interponía entre nosotras. Lo consiguió.
- Faltan dos días, tan solo dos, para ver la pelicula más esperada, más deseada. Va a ser bestial.
- No lo sabía Bea.
Me reí para mis adentros, intentando expresar la ironía.
Me fui con ella para la clase de inglés, esa clase eterna.
ahí estaban ellas. Todas ellas. Son, de las pocas personas en las que se puede confíar, en las que por muy mal que estés siempre consiguen sacarte la sonrisa indibujada de tu cara, en las que cuando les cuentas tus problemas te escuchan, y con capaces de hacer lo que sea para solucionártelos.
Pasaban las horas, aunque pareciese que no, faltaba ya poco para finalizar el día. Yo no hice otra cosa mas que leerme el libro de la pelicula que según Bea iba a ser bestial. No se lo niego.
A parte de leer, debo confesar, que también estuve pensando, organizando las cosas que hacer este puente próximo.
Aunque no servía de nada el no habrarlo con Andrea María y Paula.
Ellas tres. Grandes como ellas solas. Valiosas, como ese tesoro que guardas para que nada ni nadie consiga encontrarlo.Seguras de lo que quieren. Maduras. Totalemente especiales, únicas. Es cierto aquello que dicen que los verdaderos amigos son contados con los dedos de una mano. Gran verdad, por eso soy afortunada. Afortunada de tenerlas a todas ellas.
Hoy también, como es común, te echo en falta. Me faltas. Me falta ese te quiero que tanto necesito, esa caricia tan deseada, ese abrazo, ese olor. Y esque siento que te vas, y me dejas. Aquí, sola aunque tenga numerosas personas junto a mi.
Te vas, y me dejas.
Cuando yo solo soy capaz de decir:
- Tú y yo, volando a ras del cielo.

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Soy así, porque tú me imaginas así.

Que como te mueras, yo no existo.

Porque existo, al tu imaginarme.

Que si tu te quemas, yo ardo.

Si tu sufres, yo me inundo en lágrimas.

Si tu sonríes, yo soy la niña más feliz del mundo.

Si tu te ahogas, yo llevo siglos en el fondo del mar.

Si tu andas, yo corro.

Si tu eres feliz, yo soy más.

Porque al fin y al cabo, tu felicidad,

es mi felicidad.


Curiosas, curiosas las flores, porque en ellas hay un abrazo para tí. Un beso. Una caricia. Un te quiero. Un adiós. Un hasta luego. Un te echo de menos. Una lágrima. Una mueca. Una sonrisa...

Que bonito es sonreir, ver la vida de otra manera, de esa manera en la cual ni nada ni nadie puede sacarte ésta sonrisa dibujada en tu cara.
Que bonito es reir, ser uno mismo, gritar al mundo que tienes el mayor tesoro que muchos no tienen: la felicidad .
Sin embargo hay veces que este tesoro de aparta por un tiempo . . .