Mar. Una capa de mar intensa. Un barco le rozaba por encima, dejando la suave espuma blanca. Los amarillos rayos del Sol reflejados. Sola, sin nadie, rodeada de arena y mar. Pensando mientras escribía en una pequeña libreta mis sentimientos. Aguas cristalinas. Palmeras. Algún que otro niño correteando sobre la fina orilla. Aire, leve, rozaba cuidadosamente mi rostro, en ocasiones movía rebelde el cabello sin dejarme ver . Derrepente, de una, desaparece esa playa azul turquesa que transimitía tanta paz, esa arena cuya función era reflejar los amarillos rayos del Sol, esas palmeras verde lima. Esos niños felices jugando frente al mar. Ese barco solitario perdiéndose en la abuntante niebla azul.
Mi mente, creía que aún estaba allí, en esa playa desierta, con calma, llena.
Pero sin darme cuenta, me choqué con la realidad. El instituto. Los exámenes. Él.
Otro día más. Curiosa, curiosa la enorme diferencia que existe entre los sueños y la realidad.
Fue un día como otro cualquiera, con mucho frío hoy también. Nada cambia. Todo igual.
Llueve, mucha lluvia chocándose con mi rostro. Mojándome, sin piedad alguna.
Mojaba con rabia también mi resumen de música, el cual repasaba para el examen próximo.
Solo faltaba un día. Mañana, mañana iba a ser un día un tanto esperado desde hace tiempo. La película, cientos y miles de jóvenes esperaban su llegada. Mañana, cines y cines llenos de adolescentes inesperados.
No estás, te marchas. No sé nada de tí, ¿Me quieres?
Porque yo, no soy capaz de pensar en otra cosa que no tenga que ver contigo.
Porque yo, no me imagino la vida sin tí.
Y esque parece que jamás has existido, que solo estás presente en mi mente. Un espejismo. Porque en ocasiones te veo, pero no puedo agarrárte, y eso, me mata por dento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario