El cielo.
El cielo. No le damos tampoco ninguna importancia.
El cielo nos cuida, nos protege. Se encuentra encima de nosotros, mirando cada paso, cada movimiento realizado.
Es capaz de cambiar hasta el propio humor de nosotros mismos, puesto que si amanece con un Sol radiante nos aspira a intentar llevar un buen día.
En mi teoría queda grabado que un cielo azul, va unido a una sonrisa, y un cielo gris a una lágrima.
¿Es posible que un simple abjetivo capaz de anunciar un color determinado sea capaz de cambiar el estado de ánimo de las personas?
Curioso.
El cielo refleja todo lo que ocurre bajo sus pies. Puede ser que si amaneces con una sonrisa, llegues a alcanzar tu cielo azul...
Quizás, tu mismo seas capaz de llegar a cambiar el cielo.
O este, consiga llegar al punto en el que pueda llegar a influir en tí.
Soy así, porque tú me imaginas así.
Que como te mueras, yo no existo.
Porque existo, al tu imaginarme.
Que si tu te quemas, yo ardo.
Si tu sufres, yo me inundo en lágrimas.
Si tu sonríes, yo soy la niña más feliz del mundo.
Si tu te ahogas, yo llevo siglos en el fondo del mar.
Si tu andas, yo corro.
Si tu eres feliz, yo soy más.
Porque al fin y al cabo, tu felicidad,
es mi felicidad.
Curiosas, curiosas las flores, porque en ellas hay un abrazo para tí. Un beso. Una caricia. Un te quiero. Un adiós. Un hasta luego. Un te echo de menos. Una lágrima. Una mueca. Una sonrisa...
Que bonito es sonreir, ver la vida de otra manera, de esa manera en la cual ni nada ni nadie puede sacarte ésta sonrisa dibujada en tu cara.
Que bonito es reir, ser uno mismo, gritar al mundo que tienes el mayor tesoro que muchos no tienen: la felicidad .
Sin embargo hay veces que este tesoro de aparta por un tiempo . . .
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