El mar.

Hay veces, que por más que quieres que todo vaya bien, no sabes cómo quitarte todos los problemas y preocupaciones de encima.
Me gustaría que hubiese la posibilidad de poder echar todo lo que nos hace llorar más allá del fondo del mar, quedando a su vez en el olvido, y vivir sin nada preocupante.
Cómo me gustaría que la razón de la existencia de los mares fuera la derramación de aquellas lágrimas que sobran.
Cómo me gustaría que la sal del mar sustituyese a todos los esfuerzos máximos para que todo fuese un tanto mejor.
Y que cada roca de dicho mar, sea el comienzo del límite de cada uno.
Que los peces, sean aquellas personas que cada día nos hacen sentirnos más fuertes a base de tropiezos.
Que la espuma rozante de los barcos sea la furia conteniente de ese alguien.
Que cada granito de arena sea ése error tan famoso que todo alguien comete, el más odiado.
Que todo mar, actúe como el viento, y se lleve todo aquello desquiciado.

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Soy así, porque tú me imaginas así.

Que como te mueras, yo no existo.

Porque existo, al tu imaginarme.

Que si tu te quemas, yo ardo.

Si tu sufres, yo me inundo en lágrimas.

Si tu sonríes, yo soy la niña más feliz del mundo.

Si tu te ahogas, yo llevo siglos en el fondo del mar.

Si tu andas, yo corro.

Si tu eres feliz, yo soy más.

Porque al fin y al cabo, tu felicidad,

es mi felicidad.


Curiosas, curiosas las flores, porque en ellas hay un abrazo para tí. Un beso. Una caricia. Un te quiero. Un adiós. Un hasta luego. Un te echo de menos. Una lágrima. Una mueca. Una sonrisa...

Que bonito es sonreir, ver la vida de otra manera, de esa manera en la cual ni nada ni nadie puede sacarte ésta sonrisa dibujada en tu cara.
Que bonito es reir, ser uno mismo, gritar al mundo que tienes el mayor tesoro que muchos no tienen: la felicidad .
Sin embargo hay veces que este tesoro de aparta por un tiempo . . .