Una lágrima.

Y es cierto. Hay veces que por todo el empeño que le impongas, no consigues fingir llegar al límite del sonreir.
Debo confesar que me sigo acordando de aquel día del mes.
También confieso que me gustaría descansar de nuevo en tu sonrisa cada noche. Y al amanecer, refujiarnos juntos en la cueba de los besos.
Debería confesar sin falta, que no pienso nada que no tenga que ver con todo. Al fin y al cabo, ese todo eres tú.
Lo peor, es cuando consigo abrir los ojos con toda mi oposición, y descubro que lo que veo, no me gusta.
Ya no existen los días, porque no existes tú.
Ya no existen las cuebas repletas de besos.
Una de las pocas cosas, que no has conseguido que se extinguieran, es esa cueba.
En la que me encuentro en estos inquietantes instantes.
Fría, helada, oscura, me encuentro sola, sin nadie capaz de hacer que nada de ésto ocurra.
Y es cuando no puedo evitar el caer de esa lágrima.
Una lágrima transparente que camina triste por mi mejilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Soy así, porque tú me imaginas así.

Que como te mueras, yo no existo.

Porque existo, al tu imaginarme.

Que si tu te quemas, yo ardo.

Si tu sufres, yo me inundo en lágrimas.

Si tu sonríes, yo soy la niña más feliz del mundo.

Si tu te ahogas, yo llevo siglos en el fondo del mar.

Si tu andas, yo corro.

Si tu eres feliz, yo soy más.

Porque al fin y al cabo, tu felicidad,

es mi felicidad.


Curiosas, curiosas las flores, porque en ellas hay un abrazo para tí. Un beso. Una caricia. Un te quiero. Un adiós. Un hasta luego. Un te echo de menos. Una lágrima. Una mueca. Una sonrisa...

Que bonito es sonreir, ver la vida de otra manera, de esa manera en la cual ni nada ni nadie puede sacarte ésta sonrisa dibujada en tu cara.
Que bonito es reir, ser uno mismo, gritar al mundo que tienes el mayor tesoro que muchos no tienen: la felicidad .
Sin embargo hay veces que este tesoro de aparta por un tiempo . . .