Nervios.

Cierro los ojos. Y a través de cierta soledad y oscuridad, puedo ver a lo l e j o s...
Aquel tiempo, por el que yo sentía que mi cuerpo iba a estallar por solo nervios.
Nervios abundantes cuando veía tu nombre grabado en la pantalla del móvil.
Cuando me vestía c o r r i e n d o, me quedaba sentada en la puerta, y hasta que no aparecieses no era capaz de levantarme.
El primer beso. Nervios. Básicamente el sentimiento efectuado.
Cuando todo lo arreglabas con una caricia. Cuando lograbas desvanecer los nervios con un hilo de voz.
Y depués...
-Nos encontramos-, después de tanto tiempo sin obtener nada uno del otro.
Te veo. Me ves.
No hace falta decir nada, nuestros ojos nos expresan la tantísima falta que nos hacemos...
No lo logré. No pude olvidarte.
Y aunque sé que mis ojos son capaces de ver todo menos el futuro, intuyo que jamás querré a nadie como lo hice contigo.
Y -nos miramos-. Unas ganas locas de abrazarnos, pero el tiempo lo impide, un tanto de orgullo quizá.
Te f u i s t e, me f u í.
Y aunque en ocasiones te tenga cerca, capaz de oler tu voz, siento que estás a  m  i  l  e  s de hectáreas de donde estoy yo.
Y eso, duele.
Y por muy penetrante que sea éste dolor, solo puedo decir una palabra, que quizá sea la más dolorosa.
Adiós.
Triste,¿ verdad?. O quizás no. Pienso, que los principios deben ir unidos a un final. Puesto que desgraciadamente, la felicidad no es infinita, y siempre hay algo capaz de demostrarlo.
Suelen decir que los llantos forman una sendero más largo que las sonrisas.
Las sonrisas son efervescentes. El tiempo discurrido por éstas, es el mejor tiempo, la mayor sensación vivida.
Pero en el penetrante instante en que éstas desvanecen, aparece inmediatamente el llanto.
Sólo puedo decir, Que es como si aún estuvieras conmigo, como si jamás te hubieses ido de mi lado, pues soy capaz de verte nada más con el descanso de mis párpados.

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Soy así, porque tú me imaginas así.

Que como te mueras, yo no existo.

Porque existo, al tu imaginarme.

Que si tu te quemas, yo ardo.

Si tu sufres, yo me inundo en lágrimas.

Si tu sonríes, yo soy la niña más feliz del mundo.

Si tu te ahogas, yo llevo siglos en el fondo del mar.

Si tu andas, yo corro.

Si tu eres feliz, yo soy más.

Porque al fin y al cabo, tu felicidad,

es mi felicidad.


Curiosas, curiosas las flores, porque en ellas hay un abrazo para tí. Un beso. Una caricia. Un te quiero. Un adiós. Un hasta luego. Un te echo de menos. Una lágrima. Una mueca. Una sonrisa...

Que bonito es sonreir, ver la vida de otra manera, de esa manera en la cual ni nada ni nadie puede sacarte ésta sonrisa dibujada en tu cara.
Que bonito es reir, ser uno mismo, gritar al mundo que tienes el mayor tesoro que muchos no tienen: la felicidad .
Sin embargo hay veces que este tesoro de aparta por un tiempo . . .